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30 Marzo 2012
Londres será el final de este ciclo
Londres será el final de este ciclo

Con 224 internacionalidades y rozando los 300 goles, Alberto Entrerríos (Gijón, 1976) es uno de los jugadores más longevos del balonmano español. Su andadura con los equipos nacionales comenzó en 1997 y fue uno de los componentes del equipo junior que ganó el oro en el Europeo de 2000. Fue aquel año cuando entró con fuerza en la selección absoluta y participó de forma muy activa en la consecución de las seis últimas medallas de las nueve que posee el balonmano español. Se proclamó campeón mundial en Túnez (2005) con Juan Carlos Pastor, logró la medalla de bronce en Pekín y el pasado mes de enero volvió a ser una pieza fundamental en el Europeo de Serbia, con Valero Rivera en el banquillo, cuando España concluyó en cuarta posición.

Pregunta. ¿Cómo vivió la medalla de bronce de Pekín?

Respuesta. Con mucha intensidad. Para mí fue un metal muy importante, puesto que era el primero olímpico de mi carrera y suponía además el mejor cierre posible a un ciclo muy brillante del balonmano español. En 2005 habíamos iniciado una nueva etapa con Juan Carlos Pastor en el banquillo, en la que ganamos el oro en el Mundial de Túnez, y después logramos la plata en el Europeo de Suiza, para culminar con el bronce en los JJOO de Pekín. Parecía claro que aquel ciclo concluía, y no podía producirse un mejor final.

P. ¿A nivel personal, le satisface más el metal olímpico que el del Mundial?

R. No sabría decirlo. Participar en unos Juegos Olímpicos es algo a lo que aspira cualquier deportista de élite. Jugué los de Atenas en 2004 y nos fue mal. Pero en Pekín el momento de los himnos fue muy emotivo. Para mí, ganar el oro en Túnez fue algo inolvidable. A un metal olímpico no se le mira el color. Su valor es enorme a nivel personal y de país.

P. ¿Qué otros recuerdos de Pekín le vienen a la cabeza?

R. Muchos. Fue un torneo muy intenso, porque todos intuíamos que iba a ser la despedida de Juan Carlos Pastor y de sus esquemas de juego con la selección. Además, era también el último gran torneo de una figura tan emblemática como David Barrufet. Y con el bronce, todos nos fuimos muy orgullosos.

 P. En el pasado Europeo al final se quedaron sin medallas, tras haber jugado del mejor balonmano del campeonato de Europa.

R. Fue una decepción. Creo que en las dos primeras fases fuimos el mejor equipo, pero fallamos en la parte final del Europeo. Y lo pagamos. Sin embargo, creo que estamos trabajando muy bien con Valero Rivera y que tenemos un futuro abierto por delante. El equipo está muy unido.

P. ¿Cree que, cuando juega bien, España está desarrollando el mejor balonmano de su historia?

R. Es difícil decirlo. En los muchos años que llevo, ha habido momentos en los que se ha hecho muy buen balonmano… en otros no tanto. Ahora pienso que estamos defendiendo muy bien y el ataque está funcionando, sin hacer grandes maravillas, pero también sin los errores que en muchas otras ocasiones habíamos tenido.

P. El equipo está muy asentado en defensa, una línea que se ha convertido en un referente continental.

R. Es cierto. Estamos constantemente sobre el rival. En otras épocas hacíamos una defensa un poquito más plana, con menos presión. Ahora, no. Presionamos constantemente, pero con muy pocas exclusiones. Y en ataque jugamos con circulaciones muy largas, con habilidad, sin gran lanzamiento exterior, pero moviendo muy bien el balón.

P. Con Pastor se ganó el título mundial. Pero el mayor mérito de España entonces fue que sorprendió con un tipo de balonmano muy distinto.

R. Sí, el estilo de Pastor no se había visto nunca a nivel internacional. Se conocía en España porque lo estaba utilizando ya en el Valladolid. Fue una sorpresa para todos nuestros rivales y fue clave para conseguir el oro en Túnez en 2005. Después fuimos a Suiza, donde seguimos sorprendiendo y logramos la plata y el bronce en Pekín. Pero los equipos se parapetaron ya contra aquel tipo de juego y parecía claro que algo debía cambiar, nos conocían demasiado bien.

P. Ahora, en cambio, la sorpresa es el excelente nivel que ha adquirido la selección española y la regularidad que ha logrado.

R. La sorpresa es la presión defensiva que estamos haciendo y la intensidad con la que jugamos, que rompe la capacidad de los ataques rivales y no encuentran su ritmo. Les creamos problemas y cometen errores que nos permiten el contraataque. Es una de las claves de nuestro juego.

P. Hay dos virtudes importantes en este equipo: la primera una gran humildad en el vestuario, para aceptar los cambios y las decisiones del seleccionador.

R. Sí, eso es evidente. Pero creo que no es algo que haya aportado Valero, porque en los equipos españoles siempre ha habido muchas rotaciones. Hay muchísimos jugadores de gran nivel, no es como en otros países en los que tienen problemas cuando dan descanso al siete inicial. A nosotros eso no nos ocurre. Por eso podemos hacer las rotaciones sin que el equipo se resienta y mantener siempre la intensidad que nos exige Rivera.

P. La segunda virtud es la regularidad. En el Europeo se perdió solo en los últimos dos partidos.

R. Bueno, los 10 minutos de bajón históricos de la selección siguen ahí. Lo que ocurre es que unas veces se notan más y otras menos. En el Europeo de Serbia se notaron poco al principio, pero existieron. En cambio, en semifinales y en la disputa del bronce quedaron al descubierto. El equipo no jugó bien. Pero eso no solo nos ocurre a nosotros, sino a todas las selecciones.

P. Desde su larga perspectiva, imaginaba que la selección podría mantener un nivel tan alto, o creía que los relevos iban a bajar el listón.

R. España siempre ha tenido un nivel. El problema es que hay un grupo cada vez más amplio de equipos que pueden luchar por las medallas y si no estás muy bien, a veces los campeonatos se te complican y las expectativas se caen. Eso fue lo que nos ocurrió en el Mundial de Croacia [España no superó la primera fase]. Pero después reaccionamos y volvimos al lugar que nos correspondía.

P. El objetivo es llegar bien a los JJOO de Londres y estar al menos en las medallas.

R. Es el final de este ciclo y es para lo que nos estamos preparando. Está claro que es importante ganar cualquier Mundial o Europeo, pero cada cuatro años empieza un nuevo ciclo olímpico para el que hay que prepararse. Por tanto, cuando lleguen los Juegos de Londres será el momento de poner un broche de oro a estos cuatro años de trabajo, el examen final. Nosotros estamos para luchar por todo. Hay nivel para optar a las medallas, ya no hablo de oro porque muchas veces depende de detalles. Pero no iremos allí de rositas, ni a disfrutar de la experiencia. Iremos a conseguir un metal, a ser posible el oro.

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